Teoría general de la basura, Agustín Fernández Mallo

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Por Mario Aznar

 

Agustín Fernández Mallo lo ha vuelto a hacer. La poesía, la novela o el ensayo. Nada se resiste a la maestría con que el escritor y físico coruñés es capaz de voltear un calcetín o toda una ontología de la contemporaneidad. Este nuevo ensayo que edita Galaxia GutenbergTeoría general de la basura (cultura, apropiación, complejidad) es un acertado salto de longitud en la dirección que el propio autor lleva apuntando desde hace tiempo. Los prefijos post- y after- llevan implícita la idea de progreso —al menos, de un cierto progreso—, pero, por eso mismo, también la de pasado. Ahora bien, ¿qué incidencia tiene ese pasado en la producción de “nuevos” productos culturales? ¿Dónde empieza y dónde termina ese pasado? 

Fernández Mallo se lanza al vacío para elaborar una sofisticada teoría que bebe tanto de la filosofía como de la historia del arte, la poesía o la ciencia. Formula hermosas metáforas para llegar a donde los lenguajes de la cesta de la compra y el recibo bancario no pueden llegar, y en su empresa no teme abatir viejas concepciones acerca de lo que significa innovar, ser original o apoyarse en una tradición que, más que cimiento, es escombro, residuo, basura. O ¿acaso los residuos de una sociedad y de una cultura pueden ser al mismo tiempo los cimientos de otra que florece, convirtiéndose ella misma, a cada paso, en residuo para el futuro?

En el reciclaje de una sociedad deshecha intuye el autor las posibilidades de la cultura actual. Las nuevas obras no se levantan sobre los triunfos del pasado sino sobre sus residuos, así como los descartes de una época sirven de provecho para la creación posterior. El libro comienza con la afirmación de que la primera grabación de voz conocida es la de Walt Whitman recitando su poema “América” en 1890. Antes de esa fecha, asegura el autor, no podemos saber cómo sonaba el habla. A este momento Fernández Mallo lo llama “línea año cero”: el lugar donde comienzan la ficción y la invención más elemental. Lo que somos, lo que creemos ser, depende en gran medida del relato que somos capaces de construir al respecto. Y aunque esta idea no es en absoluto original de Fernández Mallo (de eso va el libro, precisamente), el aprovechamiento que de ella hace le sirve para construir esta teoría voraz y heteróclita.

En la portada del libro se solapan el famoso ramo de flores pintado por Henri Fantin-Latour a finales del XIX y el que el diseñador Peter Saville utilizó en 1983 para la cubierta del disco Power, Corruption and Lies, del grupo británico New Order. En su interior, como no podía ser de otra manera, bailan juntos Nietzsche y el cineasta Chris Marker, la teoría sobre los sistemas complejos, la crisis económica y la mitología romántica, el imaginario Pop y el Higgs Boson Blues de Nick Cave. Agustín Fernández Mallo redefine los términos “natural” y “artificial” en este ensayo que parece un organismo vivo por el que sentir atracción y miedo a partes iguales. El listón que él mismo se ha puesto está muy alto, y como lector considero importante agradecer el  esfuerzo ímprobo, poco frecuente en tiempos de paja y ceniza, de juntar la erudición y la reflexión en un libro que navega territorios poco explorados en nuestro país.

Teoría general de la basura es un ensayo ambicioso y muy bien escrito, difícil o imposible de resumir. Sus puntos fuertes son también sus puntos débiles (podría decirlo al revés para sonar más elogioso), esto es: la heterogeneidad de sus fuentes; la mezcla de lenguajes indistintamente próximos a la poesía y a la ciencia; la multiplicidad de sus imágenes y metáforas. Creo que el éxito más que merecidoque este libro ha cosechado desde su publicación puede llevar a error al lector ingenuo que espere de él la solución a todos sus males. Este libro, al contrario, es ese “mal”. En Teoría general de la basura se encuentran encapsulados algunos de los síntomas culturales que el autor analiza, como el apropiacionismo o la fragmentación. Para entender y explicar fenómenos como estos, Fernandez Mallo los hace suyos, los invita a formar parte del libro, les concede confianzas inéditas y avanza, como tan bien hacía Borges, elaborando agudísimas conjeturas, hipótesis y suposiciones. Esto hace que su mayor fuerza sea la sugerencia. Diagnóstico: una contemporaneidad compleja, fluida y llena de matices. Posología: mucha curiosidad, pocos prejuicios, una buena dosis de conocimiento, un ensayo enormemente estimulante.

 

 

Fotografía del autor: Iván Giménez

 

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