Desescalada

Nueva reseña

El principio del fin o el fin del principio… En cualquier caso, la cosa se mueve y nosotros con ella. Nuestro pequeño proyecto Hasta que el cuento aguante estaba condicionado desde el inicio por un horizonte en el que las librerías volverían a abrir. Parece que, al menos en España, esto va a ocurrir a partir del próximo lunes 4 de mayo, así que nos vamos despidiendo poco a poco, no con un redoble de tambores, pero sí con una sesión doble de relatos durante estos últimos tres días.

Me alegra mucho saber que aún tenemos recomendaciones en el tintero. Es un signo feliz que no queden días de encierro para compartirlas, al menos no en las mismas condiciones que motivaron también el cierre de bibliotecas y librerías. El compromiso de esta “antología viva” ha sido acompañar a los lectores en una situación especialmente difícil, pero también es nuestro compromiso señalar la dirección de la librería más cercana, ese espacio de verdadera resistencia que nunca quisimos suplantar.

Después de esto volveremos a nuestra normalidad, que siempre ha sido una normalidad anómala, insólita, singular, extraordinaria. Volveremos a proponer nuevas lecturas abriéndonos camino a machetazos por la selva del mundo literario: “Crítica insobornable para lectores inconformistas”. Volverán las reseñas, como las oscuras golondrinas, y llegarán también nuevos proyectos para alimentar la hoguera de esta convivencia tan cercana, tan calurosa, que todos vosotros habéis encendido con vuestra lectura y vuestro apoyo durante (así mediremos el tiempo ahora) más de cuarenta relatos.

El anhelo de volver a relacionarme con aquellos a quienes quiero me hace valorar aún más la importancia de los lugares de encuentro. Por eso siento que esta es quizá una buena ocasión para hacer más acogedor este lugar de encuentro que es Lector salteado, agradeciéndote que compartas tu experiencia de lectura con aquellos a quienes más quieres: esa lectora afín, ese lector incipiente, esos lectores inconformistas.

Siendo más, leeremos mejor. Gracias de verdad.

 

Mario Aznar
Editor de Lector salteado

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66.

Café Con/suelo

Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas.


Esto lo escribió el gran Sergio Pitol en “El arte de la fuga” (Editorial Anagrama) y no me canso de repetirlo. Me cuesta encontrar pasajes que contengan más verdad, escritos con tanta sencillez. La literatura de Pitol habla, al fin y al cabo, de viajes. Viajes exteriores e interiores por calles y páginas recorridas. Y se me ocurre ahora que quizá la mejor síntesis de esos dos mundos (que son solo uno) sean las librerías, esas en las que suelo perderme con paso lento y la imaginación excitada, los bolsillos temblorosos y el olfato agudizado, las manos indiscretas y la mente en otro lugar. Uno es, por supuesto, sus viajes, y también las librerías que descubre y visita, o esas otras que frecuenta tan a menudo que podría llamar casa.

Todos los días se hacen pequeños homenajes a estos espacios de vida y de resistencia, y cuando eso ocurre es porque el peligro es real, aunque evitable. Jorge Carrión escribió un libro maravilloso sobre ellas, que puede leerse como una guía espiritual por lugares que probablemente algún día serán solo huellas. Esta de la foto no es mi librería preferida, ni es la más recóndita, ni la más exquisita, ni la más antigua, y muy seguramente tampoco es la más hermosa. Sí es, quizá, la más icónica. Ha formado parte de mis viajes, de mis recorridos interiores y exteriores, y por eso es también yo mismo. O yo soy un poco la librería Shakespeare and Co. de París, donde hace unos años conseguí este ejemplar de Reminder, de Tom MaCarthy (Alma Books), que hoy ha saltado de mi biblioteca para que le hiciera esta fotografía de luces y sombras. “Cuéntalo”, me ha dicho, “que se sepa”.

PS: Ayer escribí esto sin caer en la cuenta de que hoy, un día después (12 de abril), se cumple un año de la muerte de Sergio Pitol. Hay coincidencias que no merece la pena intentar entender.