Mis mejores lecturas de 2019

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Por Mario Aznar

Si no estuvieras leyendo este correo significaría que estás de vacaciones, disfrutando de un merecido descanso o borracha como una cuba. En cambio, si sigues al pie del cañón, no esperes más y pincha AQUÍ para descubrir Mis mejores lecturas de 2019.

¡Boom! Llega esa fecha en la que, sin saber uno por qué, se ve impelido a enumerar un puñado de lecturas especialmente memorables. Es la hora de la lista. El año pasado no la hice, pero en 2017 sí, y ahí estaban Jorge Carrión, Samanta Schweblin, Valeria Luiselli o Enrique Vila-Matas, entre otros. Quién sabe si para compensar el vacío de 2018, o para contrarrestar alguna que otra lista estúpida y repetitiva de las muchas que saldrán a la luz estos días, este año toca rendir cuentas con algunos de los libros que me han acompañado durante este año turbulento y productivo (personalmente, incomprensible). Como repite todo el mundo en tiempos de elecciones: si no votas, ellos eligen por ti. Y por ahí sí que no paso. 

Un año más, gracias por seguir apoyando nuestro trabajo. Desde Lector salteado deseamos que pases unas felices fiestas, que sigas disfrutando de la literatura como el primer día y que, si alguien tiene que atragantarse con un polvorón, le toque siempre al de al lado. ¡Feliz Navidad y mejor 2020!

 

85.

Café Con/suelo

Lo que más me gusta de llegar a casa es desnudarme. Antes de nada, en la entrada me vacío los bolsillos y dejo sobre un recipiente de barro coloreado las llaves y el puñado de monedas que suelo llevar encima. Luego me quito los zapatos, la camisa y los pantalones. Como a todos a los que no nos gusta limpiar, soy bastante ordenado. Así que nada más quitarme el pantalón lo doblo para guardarlo en el armario. Siempre, sin excepción, al doblar el pantalón cae una moneda al suelo. Una moneda fugada de la primera purga. No sé cómo lo consigue, pero siempre hay una moneda de dos, cinco, diez céntimos —una moneda pequeña— que escapa del plato de cerámica que trajimos de Nápoles y permanece agazapada en el bolsillo, hasta que doblo el pantalón y entonces cae —generalmente rodando hacia un rincón de difícil acceso. Creo firmemente que se trata de un mensaje del universo. Agacharme a recuperar esa moneda es el peaje que tengo que pagar. Cuanto menor es el valor de la moneada, más transparente es el mensaje. Un castigo; quizá fruto de un malentendido cósmico. Así lo escribió Kafka en “Un viejo manuscrito”: “Hay algún malentendido y este malentendido será nuestra ruina”.

Factbook. El libro de los hechos, Diego Sánchez Aguilar

Nueva reseña

Factbook

 

Nueva reseña en Lector salteadoFactbook. El libro de los hechos, de Diego Sánchez Aguilar (Candaya, 2018). Por María Ayete Gil

 

La musiquilla del telediario interrumpe nuestro letargo dominguero. Noticia de última hora: el presidente de la CEOE ha aparecido ahorcado en un toro de Osborne. Saltan todas las alarmas habidas y por haber. ¿De qué va esto? Nosotros, en nuestras casas, permanecemos inmóviles, mudos ante la pantalla del televisor. Una mezcla de incredulidad y de miedo asoma en el rostro de algunos. En el de otros, quién sabe, quizá una sonrisilla.

 

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