Un paseo por H. La reencarnación de un ornitólogo, Peter Greenaway

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Por Mario Aznar

 

Ningún lector de poesía que se precie descubrirá la editorial Kriller71 por estas páginas, como ningún aficionado al cine necesita una presentación para el autor de este libro. Sin embargo, en Un paseo por H. La reencarnación de un ornitólogo (2019) confluyen de alguna manera dos estrenos. Por un lado, el editor Aníbal Cristobo inaugura la colección Mula Plateada, dedicada a piezas híbridas, fronterizas e inclasificables, y, por otro, el prestigioso cineasta británico Peter Greenaway cambia de registro llevando al papel la potencia literaria, la extravagancia y la belleza de uno de sus primeros mediometrajes: A walk through H., de 1978. Si Greenaway es mundialmente conocido por ser un renovador del lenguaje cinematográfico y haber ofrecido al mundo una vasta y provocadora filmografía, en este texto que él mismo prologa están ya las líneas de fuerza de su singular e imaginativo universo.

La publicación de este libro estuvo acompañada por la aparición, en la misma colección, de la La vicevida de Valerio Magrelli, y desde entonces se han sucedido otros dos títulos del argentino Martín Caparrós y del portugués Gonçalo M. Tavares. La serie muestra sus cartas transnacionales, translingüísticas y transgenéricas. Sería redundante, entonces, decir que el texto de Greenaway es inclasificable. Podríamos volver a decir eso de “puede leerse como una novela” o “puede leerse como un ensayo”, pero todo sería inexacto. Digamos, entonces, que se trata de un relato, de una historia, y dejémonos arrastrar por ella.

“Aquí, un ornitólogo, armado con sus noventa y dos mapas, hace su viaje desde esta vida hacia la siguiente”. Con estas palabras cierra el autor su prólogo y abre las puertas a una aventura dislocada y profundamente evocadora. Este ornitólogo, que se halla a las puertas de la muerte, es impulsado por su amigo Tulse Luper a emprender un extraña travesía por —o hacia— H., letra que en inglés es la inicial tanto del paraíso como del infierno.

 

Tulse Luper sugirió que mi viaje por H necesitaba de 92 mapas. Anticipándose a mi pregunta, sugirió que el momento para decidir qué significaba H  fuera al final del viaje, y que para ese entonces ya no tendría casi importancia.

 

Greenaway explota la idea del mapa como palimpsesto en el que se superponen ausencias y presencias —”te dice dónde has estado, dónde estás en este momento y dónde podrías estar”—, utilizándola para dinamizar el paseo del ornitólogo a través de realidades extraordinarias y recuerdos personales que se quitan la palabra unos a otros en una sucesión de párrafos fragmentados y de perturbadora belleza. 

La valiosa traducción de Cristobo y Patricio Grinberg ha sido dispuesta sobre la página con inteligencia y criterio exquisito, dejando respirar al texto en los márgenes y entre cada uno de los pasajes. Los pasos que da el ornitólogo (1418 millas) los sigue el lector, sobre todo, a través de su descripción de los diagramas, planos y mapas que encuentra y consulta. El narrador se refiere a esos documentos como “este mapa es…” o “este dibujo era…”, refiriéndonos una realidad que no existe para nosotros. En su lugar hay un amplio espacio en blanco que deja trabajar la imaginación, como en una colección de cartelas de museo o pies de foto sin más raíces que la fe del espectador.

Un paseo por H. es a su vez un relato elegíaco con el que Greenaway evoca la figura de su propia padre, ornitólogo amateur, que dejó a su muerta una gran cantidad de documentos, símbolo de una subjetividad perdida. Es a través de ese laberinto por el que el ornitólogo de este libro se mueve; un territorio de mapas confusos y dibujos a los que se intenta arrancar un orden, una estructura y una orientación. A pesar de todo —y a pesar, principalmente, de la trascendencia simbólica de la letra H— parece que los mapas de Un paseo por H. no llevan a ningún lugar fuera de ellos mismos. Los mapas son quizá el propio territorio que cartografían, lo que recuerda a esa vertiginosa noción del mapa-territorio que Borges evoca en “Magias parciales del Quijote” a partir de las ideas del filósofo estadounidense Josiah Royce.

Hacia el final de su vida, Borges, de cuyo universo literario también bebe el de Greenaway, realizó una serie de viajes por el mundo junto a su esposa María Kodama. De esos viajes nació un libro, Atlas (1984), que incluye fotografías tomadas por ella y textos escritos por él. Sobra decir que Borges ya era completamente ciego, así que sus textos, como pies de foto dislocados, hablan más de olores, lecturas y recuerdos que de la imagen a la que acompañan —o que los acompaña. Como en el arte conceptual, hay que ser un genio para no ser un estafador. Borges, desde luego, lo era. Por eso pueden leerse los textos de Atlas prescindiendo de las fotografías de Kodama. Por eso también puede leerse este inquietante relato de Peter Greenaway sin necesidad de mapas ni proyecciones. Un paseo por H. vive más allá de la pantalla, muy cerca de la poesía, al lado de los sueños.

 

 

Fotografía del autor: Peter Greenaway

2 comentarios en “Un paseo por H. La reencarnación de un ornitólogo, Peter Greenaway

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