Muerte súbita, Álvaro Enrigue

muerte súbita

 

Caminando entre los estantes de una biblioteca pública de Madrid, un libro cayó a mis pies y por esa supersticiosa gilipollez que gira en torno a la palabra “elegido” me lo llevé. Era Muerte súbita, del escritor mexicano Álvaro Enrigue, Premio Herralde de Novela en 2013.

Lo devoré en un par de días.

Con la fotografía del autor que había visto en la contraportada vagué por la capital hasta encontrarme con él, con el escritor, con Álvaro Enrigue, en una calle del barrio de Malasaña, cargado con una enorme y desbordada bolsa azul de Ikea.

Lo vi, lo reconocí y recordé que en esa misma contraportada se dice que Enrigue vive en Nueva York. De golpe pensé: puede que esté de visita en Madrid, o que Malasaña sea, de algún modo, Nueva York. ¿Por qué no iba a serlo, si un mexicano ha escrito una novela tan brutal con Quevedo y Caravaggio al fondo, jugando una partida de tenis en Roma, en 1599, en uno de los duelos más tremendos y delirantes de la historia de la literatura, mientras Moctezuma y Hernán Cortés se convierten en símbolos y la Modernidad lo devora todo como un huracán?

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