68.

Café Con/suelo

De vuelta a casa he entrado en una librería a curiosear, cuando de pronto aparece una señora con uniforme de trabajo azul marino y dice: “Buenos días, soy la lectora del agua”. El librero y yo nos miramos, desconcertados ante los límites de nuestra rudimentaria capacidad lectora.

La azotea, Fernanda Trías

Nueva reseña

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Nueva reseña en Lector salteadoLa azotea, de Fernanda Trías (Tránsito Editorial, 2019). Por Mario Aznar

 

En circunstancias normales, o mejor dicho, en las circunstancias actuales del mercado editorial, hablaríamos ahora de este libro como de un fantasma que pasó a nuestro lado pero que no tuvimos tiempo de enseñar a nuestros amigos. Sin embargo, los lectores estamos de suerte porque la joven editorial Tránsito rescata La azotea, de la escritora uruguaya Fernanda Trías. Ahora podemos volver a sumergirnos —o hacerlo por primera vez— en las páginas de un libro escrito con retazos de extrañeza, aislamiento, amor y locura.

 

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66.

Café Con/suelo

Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas.


Esto lo escribió el gran Sergio Pitol en “El arte de la fuga” (Editorial Anagrama) y no me canso de repetirlo. Me cuesta encontrar pasajes que contengan más verdad, escritos con tanta sencillez. La literatura de Pitol habla, al fin y al cabo, de viajes. Viajes exteriores e interiores por calles y páginas recorridas. Y se me ocurre ahora que quizá la mejor síntesis de esos dos mundos (que son solo uno) sean las librerías, esas en las que suelo perderme con paso lento y la imaginación excitada, los bolsillos temblorosos y el olfato agudizado, las manos indiscretas y la mente en otro lugar. Uno es, por supuesto, sus viajes, y también las librerías que descubre y visita, o esas otras que frecuenta tan a menudo que podría llamar casa.

Todos los días se hacen pequeños homenajes a estos espacios de vida y de resistencia, y cuando eso ocurre es porque el peligro es real, aunque evitable. Jorge Carrión escribió un libro maravilloso sobre ellas, que puede leerse como una guía espiritual por lugares que probablemente algún día serán solo huellas. Esta de la foto no es mi librería preferida, ni es la más recóndita, ni la más exquisita, ni la más antigua, y muy seguramente tampoco es la más hermosa. Sí es, quizá, la más icónica. Ha formado parte de mis viajes, de mis recorridos interiores y exteriores, y por eso es también yo mismo. O yo soy un poco la librería Shakespeare and Co. de París, donde hace unos años conseguí este ejemplar de Reminder, de Tom MaCarthy (Alma Books), que hoy ha saltado de mi biblioteca para que le hiciera esta fotografía de luces y sombras. “Cuéntalo”, me ha dicho, “que se sepa”.

PS: Ayer escribí esto sin caer en la cuenta de que hoy, un día después (12 de abril), se cumple un año de la muerte de Sergio Pitol. Hay coincidencias que no merece la pena intentar entender.

Kentucky seco, Chris Offutt

Nueva reseña

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Nueva reseña en Lector salteadoKentucky seco, de Chris Offutt (Sajalín Editores, 2019). Por Mario Aznar

 

No sé si será cosa del viento que corre entre los árboles y los despeñaderos afilados, pero mientras leía Kentucky seco he escuchado ciertas resonancias de El llano en llamas, ese librito de cuentos que el mexicano Juan Rulfo escribió sobre tierras de nadie y personajes que no tienen nada. En lugar de la tierra quebradiza del páramo, Offutt pinta crestas de roca, barrizales y bosques de pinos. En lugar de un caballo o de una mula hay un bulldozer ruinoso que el Viejo Bob aceptó como compensación cuando perdió un ojo en el derrumbe de la mina en la que trabajaba.

 

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65.

Café Con/suelo

Avería. Tres horas encerrados con el tren parado en Getafe Industrial. Hay un fumador compulsivo que no para de quejarse porque no lo dejan bajar. Voy a tomar un café para no oírlo más y una chica joven le dice al camarero: “En el vagón X (el mío) hay un tipo fumando en el WC”. La miro flipando. Pienso en el fumador compulsivo, que es un capullo. Pero eso no se hace. La juventud no tiene compasión.