9. La frase de César Aira

Café Con/suelo

Cuando César Aira presentó su última novela, Prins, en el auditorio de la Fundación Telefónica, el periodista que lo acompañaba le preguntó por el sentido de su frase: “Quisiera dejar de escribir para empezar a escribir bien”. En ese momento, Aira pareció hundirse sin remedio en el sillón antropófago y, dando un discreto sorbo a su vaso de agua, se le vio todavía más fuera de lugar rodeado de tanta gente, micrófonos, cámaras y conexiones en streaming.

Durante unos segundos se hizo en la sala un profundo silencio, solo atravesado por las resonancias crepusculares y trágicas de la frase de César Aira.

Fueron segundos que pusieron a funcionar todo mi arsenal tipográfico: cursivas, comillas, negritas, mayúsculas y minúsculas. Yo no recordaba haber leído esa frase, pero acababa de escucharla en la voz grave del periodista. ¿Habría dicho escribir o Escribir? Porque no es lo mismo escribir bien que escribir bien. ¿Habría dicho “dejar” de escribir? ¿Sobre qué palabra recaerían la trascendencia, la ironía o la duda? ¿Se habría referido Aira a que quería dejar de escribir (“bien” o de cualquier otra manera) para empezar a escribir (“mal” o de cualquier otra manera)? ¿Acaso esa frase buscaba revelar la potencia del cambio y la transformación?, ¿el sometimiento del lenguaje bajo el yugo del autor (o del Autor)?, o ¿el sometimiento del autor bajo el yugo del Lenguaje?

La cabeza me iba a explotar. Notaba como si entre los hombros tuviera una de esas locomotoras antiguas que en los dibujos animados se contraen y se expanden al ritmo del silbato y las bocanadas de vapor. Me había esforzado en descifrar esa frase. Ese era mi trabajo: leer, interpretar, comprender. Pero algo no estaba funcionando. “Quisiera dejar de escribir para empezar a escribir bien”, repetí mentalmente, pero dibujando con los labios la silueta de cada palabra, como invocando su sentido más verdadero a través del acto físico de la pronunciación. Un acto mágico, como otro cualquiera.

Cuando el silencio de la sala estaba siendo invadido por el traqueteo desenfrenado de mi locomotora, Aira contestó: “Es una de esas frases que suenan bien pero que no quieren decir nada. Muchos escritores nos conformamos con escribir frases que suenan bien, para que luego el lector les dé el sentido que quiera”. En ese momento, sentí que me hundía sin remedio en el sillón antropófago y, dando un discreto sorbo a mi vaso de agua, me vi todavía más fuera de lugar rodeado de tanta gente, micrófonos, cámaras y conexiones en streaming.

 

 

Imagen: Libro tessuto, Maria Lai, 2005

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